Hacer deporte hoy en día es una necesidad primaria. Debido a que él sedentarismo nos está causando muchas enfermedades. Siendo que el cuerpo es una herramienta diseñada para estar en movimiento. Antiguamente las personas tenían oficios que demandaba más movimiento. Pero en la actualidad la practicidad de las cosas y la modernidad nos está llevando a movernos cada vez menos. Tienes que saber que el músculo se atrofia cuando no se mueve. Y todo nuestro cuerpo es músculo.
Se pierde flexibilidad, se pierde masa muscular, se pierde salud. Hay mucha pérdida y nada de ganancia al no tener movimiento físico.
Pero esta consciencia que ahora tengo de lo vital que es hacer ejercicios o deporte no me llevó a la constancia de hacerlo.
Aquí te comparto lo que realmente me llevó a hacer del deporte un hábito de por vida.
Cuando tenía 12 años fui víctima de bulling, yo era bien delgadita a esa edad por eso en el colegio me empezaron a llamar “tabla” “palo de escoba” “nadadora”, etc. Las burlas y las críticas eran todos los días, cada insulto me pasaba como un cuchillo filoso por la mente. En aquella época aprendí a compararme con otras chicas que tenían más bubies y nalgas que yo y también aprendí a rechazar mi cuerpo. Siendo tan joven y sin una orientación de mamá o papá (de verdad solo Dios me pudo ayudar a sobrevivir a esa etapa tan dura de mi adolescencia, no tengo otra explicación) busqué la forma de engordar, comiendo en exceso. En el proceso le reclamaba a Dios porque me había hecho tan delgada que hasta los huesitos de mis costillas se notaban y me jalaba la piel de la barriga. Paradójicamente en ese proceso me enfermé de tifoidea, una enfermedad en la que te da diarrea y vómitos. Adivina qué? me puse más delgada aún. Casi raquítica, pensé que iba a morir y por ello hice un viaje para despedirme de mi papá. Ya con él viviendo en un lugar donde se cree en las medicinas naturales, me dio de beber un brebaje y milagrosamente al día siguiente yo estaba comiendo muy a gusto y más que nunca, antes de eso mi estómago no recibía los alimentos por la tifoidea.
Regresé a Lima con un hambre voraz y eso me ayudó a ganar peso, pero ya no pude parar y me excedí en peso. A mis cortos 15 años yo estaba bien llenita. Estaba feliz pensando que ya no me llamarían “tabla” pues había ganado más grasa en bubies y nalgas. Sin embargo ahora la gente empezó a llamarme cruelmente “gorda” “cebuda”, etc. Mierda! Nada lograba que me aceptaran.
Así fue como empecé a luchar con el sobrepeso. Aquí empecé a meterme el dedo a la boca para provocarme el vómito, pues me sentía culpable de lo que comía, dañe mis paredes intestinales, me dio gastritis, ya que tenía un círculo vicioso de comer lechuga y agua y luego darme atracones de hamburguesas y pastel. También conocí la dismorfia corporal, cuando me veía al espejo me veía gorda y fea como un mounstruo. Y así viví por mucho tiempo, pero como era muy doloroso el rechazo hacia mi misma lo escondí en mi subconsciente. Aunque mi cuerpo siempre veía la forma de recordármelo. Utilicé muchos recursos externos para bajar de peso: pastillas, inyecciones , fajas, masajes, hasta quería operarme…
Al pasar el tiempo conocí a una chica que había abierto su gimnasio cerca de mi casa y me invitó a asistir. Ahí tuve mi primera experiencia con el deporte. Sin saber nada me aventuré y descubrí asistiendo todos los días que mi cuerpo iba cambiando. Entonces descubrí que el cuerpo con ejercicio se transformaba.
Sin embargo nadie me había enseñado a darme prioridad y por ende darle prioridad a mi salud. El trabajo en ese entonces, el miedo a unas lesiones y otras distracciones me llevaron a dejarlo. Tuve una relación de pareja de más de 8 años que terminó porque hice de él mi mundo. Y él se aburrió de mi. Entonces retomé el deporte por ego para recuperar mi figura pues me había abandonado por esa relación y nuevamente el deporte me ayudó. Sin embargo conocí a mi esposo y tuve una hija, ahora estas cosas se volvieron mi prioridad y nuevamente abandoné el deporte. Cada vez que me separaba de mi esposo yo regresaba al gimnasio por orden de aquella voz “ve a ponerte buena para que vea lo que se perdió” y cuando regresábamos nuevamente me atrapaba el enfocarme en mi esposo y darle prioridades a otras cosas. Es decir me volvía a abandonar…
Hasta que obtuve la más grande lección. De tanto abandonarme, de tanto traicionarme, de tanto serme infiel a mi misma. Me fueron infiel…
A raíz de este evento decidí retomar el deporte y ponerme más atención. Pero mis emociones no estaban dispuestas a darme tregua otra vez. Este suceso y otros más como la pérdida de mi bebé y una operación traumática meses más tarde me llevaron a caer en Trastorno de Ansiedad.
Enfermedad que anuló mi vida por tres años. En todo ese tiempo no hice nada, no podía hacer nada. A las justas respiraba. Si luchaba por retomar mi vida tratando de hacer cosas, mi hija no podía verme bajar los brazos. Pero la enfermedad me estaba ganando…
Pensé que no saldría de esta. Pero finalmente la ayuda llegó, el Ángel que me ayudaría a salir de esta enfermedad llegó. Lo primero que hice para retomar mi vida porque necesitaba sentirme fuerte y sana fue retomar el deporte. Había ganado casi 40 kilos de sobrepeso con el trastorno y me sentía muy débil.
Mi cerebro recordaba lo fuerte y sana que me sentía cuando me ejercitaba aunque después lo dejaba porque no entendía que era prioridad.
Al retomar el deporte nuevamente el ego se apoderaría de mi. Entrenaba pensando en lo que la gente me diría o como me vería físicamente. El ego es el recuerdo de tu dolor por el bulling, es ese miedo a no ser aceptada o a qué te traicionen por alguien más joven y de mejor figura que tú. Tu ego te dice que hagas algo para esperar algo de los demás o por demostrar.
Sin embargo el amor te dice que hagas algo únicamente por amor a ti.
Por amor y salud.
La ansiedad de querer resultados rápidos me llevó a ganar múltiples lesiones en mi cuerpo y por más que luché para no rendirme y seguir entrenando mi cuerpo se fue desmoronando poco a poco. Entonces el dolor físico me llevó a tocar fondo. Había sido suficiente.
Esto me hizo entender la lección que me resistía a tomar por décadas de mi vida:
Tenía que construir una relación de amor con mi cuerpo. Cómo no tenia más caminos, tenía que probar la teoría del AMOR INCONDICIONAL. Es decir tenia que aprender a amar y aceptar incondicionalmente a mi cuerpo.
¿Y como hice esto?
Lo dejaremos para la segunda parte vale?
He tratado de resumirte esta historia. Déjame tus comentarios y tu amor en este capítulo de mi vida ❤️