CARTA PARA SANAR A MAMÁ
(Esta carta fue escrita hace dos años para complementar mi sanación con mi madre, esta carta es como sentí en aquel tiempo y como no fue procesado permanecía en mi subconsciente, la segunda parte trata del perdón. Así que escribe tu carta y pon en ella tal como sientas y pienses porque eso está en tu subconsciente, luego haremos el trabajo del perdón, pero primero tienes que ser muy HONESTA)
Madre pienso que si tú me hubieras dado el ejemplo correcto de cómo debe ser una mujer y una madre no hubiera pasado nada de lo que he pasado en mi vida. Sí, por mucho tiempo traté de ignorar lo que sentía, pero muy dentro de mi te culpo por todo lo que he pasado. Lo sé porque cuando hago mi terapia e imagino tu rostro siento enojo o simplemente no siento nada por ti.
Me recuerdo bajando por una escalera golpeando mis nalguitas, llorando y pidiéndote que no me dejes, que no te vayas a trabajar. No recuerdo si para ese entonces ya podía sentir el peligro acechándome. Me recuerdo siendo la más pequeña de mis hermanos y no sé si la que más sola se sentía. Mi calvario realmente empezó cuando trajiste a ese hombre a casa que me llevó a vivir oprimida y con miedo constante dentro de lo que debía ser mi lugar seguro: Mi hogar.
Ya era suficiente con los demás tíos y primos que habías permitido quedarse en nuestra casa. Fui valiente mamá y aún con 7 añitos pegaba un grito de alegría cuando me deshacía de uno de ellos ya sea porque se regresaban a provincia o no sé, no lo recuerdo bien, de todas maneras no me solían dar explicaciones a esa edad.
Cuando trajiste a ese hombre yo estaba ansiosa por un papá que me protegiera. Y aunque no entendía porque alejabas a mi verdadero papá de mi, acepté que ese nuevo hombre que llevaste a casa sea mi papá, le empecé a decir papá y seguramente eso te emocionó. Pero lo que no supiste por muchos años es que al poco tiempo mi nuevo papá empezó a tocarme en todo el cuerpo y hasta apretarme mis partes íntimas. También a sentarme sobre él y hacerme sentir su miembro. A agarrarselo y a echarse encima mío para sobarse. Esto empezó desde que tenía 6 años y fue como pan de cada día hasta los 12 años aproximadamente. Recuerdo que no podía tener paz o sentirme segura en mi propia casa. Recuerdo pasar mis deditos por las paredes del pasadizo camino a tu cuarto cuando me mandabas a llevarle algo a mi “papá” era como caminar para entregarme a la muerte. Quería escapar pero no sabía cómo. Me sentía atrapada. Quería hablar pero tenía miedo, tenía miedo por ti, por mi y por la abuela. Tenía mucha vergüenza decirte lo que estaba pasando. Y sentía culpa, me preguntaba qué había en mi que ocasionaba todo esto. Ya casi por cumplir los 12 años aproveché que mi hermana Denis sorprendió a papá encima mío en la cama de tu cuarto y le dije lo que estaba pasando: Denis papá me toca y me eche a llorar.
Mi cerebro borró todo lo qué pasó después. A duras penas puedo recordarme sentada en una silla en medio de la sala con muchas personas la familia de papá y nuestra familia, todos haciéndome preguntas y gritándome que diga la verdad. Callé, no pude decir nada. No me salieron las palabras solo bajé mi mirada. Y al instante papá salió de la sala hacia la calle embravecido y tú detrás de él. Después de ese día no te vi como por un largo tiempo. Lo borré todo no puedo recordar qué pasó o que sentí en todo ese tiempo. Pero si recuerdo que luego regresaste con la noticia de que estabas embarazada de una bebe de papá y nunca más se volvió a tocar el tema de que papá me tocaba íntimamente.
Yo a esa edad estaba emocionada por la llega de la bebé. Siempre me han emocionado los nuevos nacimientos y eso representa para mi un bebé, un nuevo inicio, esperanza de un futuro mejor. Pero me llené de miedo, me llené de mucho miedo, de tan sólo pensar que ese hombre al que llamaba papá podría tocar o hacer daño a la bebe. Cuide tu embarazo a milímetro. Me levantaba de madrugada a alumbrarte para que bajaras la escalera sin caerte, te preparaba tu dieta para que tu diabetes no empeore. Y cuando ella finalmente nació no pude más. Empecé a huir de casa para no presenciar que ese hombre tocara a la bebe. Si lo hizo conmigo cuando yo apenas tenía 6 años y mi cuerpo ni siquiera se terminaba de desarrollar, claro que tenía razones para imaginar lo peor. Huí porque sentía que no podía protegerlas y porque tú cuando regresaste a casa después de lo qué pasó me ignorabas y eras indiferente conmigo. Sentía que tú y yo nos habíamos desconectado. Sentía tu rechazo quizá hasta podía leer tu subconsciente: como me deshago de esta niña mentirosa por su culpa todas mis hermanas me critican ahora. Que vergüenza!
No sé en qué momento exacto fue pero también recuerdo estar en el consultorio de un ginecólogo con las piernas abiertas y él revisándome la vagina y diciéndote a ti y a mi tía: su hija sigue siendo virgen solo tiene un poco de descenso a causa de alguna infección. Entonces con este recuerdo puedo asegurar que ninguno de mis acosadores llegó a penetrarme.
Al escribirte esta carta empiezo a recordar que cuando te fuiste detrás de ese hombre, sentí tu traición, sentí que me diste la espalda y que me abandonabas cuando más te necesitaba. Todo por el amor de un hombre. ¿Era tanto tu falta de amor?¿Era tanta tu baja autoestima que preferiste a un hombre que a tu hija? Sentía decepción, tristeza, rabia pero la metí debajo de una alfombra y traté de que no explotara pero ya en mi adolescencia no pude contenerla más y entonces empecé a escapar de casa.
Las veces que me encontrabas borracha teníamos algunos intercambios y aún debajo de esa imagen rebelde mía estaba esa niña asustada y decepcionada de su madre. A veces ebria te llamaba puta y como sabes ser me metías una cachetada o prendías la ducha y me metías con todo y ropa. Luego te ibas a trabajar.
También sentí tu abandono en esta etapa difícil de mi vida y hasta me parece haberte escuchado decir: nada puedo hacer por ella. Me dejaste, me dejaste sola en mi depresión, me dejaste caer al abismo solo te importaba tu marido y tu negocio. Yo era un estorbo en tu vida, yo te estorbaba porque tu marido había puesto sus ojos en mi y ahora que estaba creciendo resultaba más peligrosa para ti. Por eso nunca tuve una palabra de aprobación tuya, siempre fueron críticas y palabras que sólo me lastimaban. Sentía tus celos, tu envida y por eso me denigrabas.
Aunque luego me enteré que les decías a mis tías que todo era una mentira y un invento mío y de mi hermana, se que dentro de ti sabias la verdad. Sabías que era verdad que tu marido me acosaba. Yo era un estorbo para ti aunque tú no lo quieras aceptar. Más de 4 años sumergida en depresión, perdida como decían ustedes. Pensaban que estaba queriendo llamar la atención. Pero este proceso me sirvió para aprender a defenderme, defenderme de tu marido. Del marido que aún conservabas pese a que había intentado tocar a tu hija mayor y había acosado sexualmente a tu hija menor. Pese a que te enterabas a cada rato que te montaba cachos, pese a que tomaba más alcohol que trabajar, pese a que te servía solo para calentar tu cama por las noches.
Recuerdo claramente mi primera vez enfrentándome con el mismo diablo, así le decía ya en ese entonces a tu marido.
Ya con 17 años un día subí al cuarto piso donde teníamos nuestra cocina y como lo esperaba él subió a darme el alcance para ver si tenía chance de manosearme. Sí, después que regresó a la casa junto contigo embarazada, él conchudamente siguió tratando de tocarme por eso huía de casa, huía todo el tiempo. Prefería estar entre personas que tomaban licor, algunos se drogaban en fiestas que dentro de mi casa y vivir ese infierno.
Entonces el cuarto piso tenía una cocina y patio donde se colgaba la ropa y esta zona era obscura. Ahí mismo lejos de quedarme callada y de tratar de escapar me paré firme frente a él y le dije: No me vuelvas a tocar, él quiso insistir para besarme, pero le metí las manos en la boca y le mordí el brazo, yo tenía más fuerza ahora, y lo empujé. Quiero hablar contigo le dije. Escúchame bien esta va a ser la última vez que te atreves a tocarme, porque la próxima vez gritaré o te clavaré un cuchillo en la barriga me oyes. Seguramente lo dije con tanta rabia que se asustó. Seguí con mi amenaza. Ya he crecido soy más grande y más fuerte. Las cosas ahora van a cambiar, porque ya puedo defenderme. Literal tenía miedo pero también rabia y cansancio. El respondió: ok ok, no te molestes.
Y finalmente le pregunté. Antes de irme quiero que me respondas si te atreverías hacerle lo mismo a tu hija?
A lo que él respondió: No cómo crees ella es mi hija nunca le haría nada.
Ok. Estás advertido le dije y baje al tercer piso donde estaba mi cuarto.
Ya en él creo que sentí una especie de tranquilidad porque ya el diablo me había dicho que no iba a tocar a mi hermanita menor y me le había enfrentado.
Entonces empecé a vivir más en la casa de mi enamorado en aquel entonces hambrienta del calor de un hogar.
Esta historia de mi vida es IGUAL a mi historia con el trastorno de ansiedad. Te das cuenta? Busca esa historia en tu pasado que se parece a lo que ahora estás viviendo.
Déjame saber en los comentarios si quieres la segunda parte que incluye el PERDÓN.

No hay comentarios:
Publicar un comentario