Querida Mayito a cuantas cosas haz sobrevivido mi niña. Reconozco en ti ese espíritu intrépido cuando desde pequeña contabas tus victorias y las celebrabas. Aún cuando sabías que lo que esos hombres te hacían no estaba bien siempre tuviste una sonrisa en el rostro y mucho amor por dar. Lo único que querías era tener un papá y una mamá. Haz hecho cosas de las que te sientes culpable y esa culpa te produce miedo a ser castigada, reprendida o avergonzada. Siempre fuiste una niña sensible buscando amor. Pero también había inteligencia y dedicación en ti en tus primeros años de escuela. Te encantaba leer, escribir y recitar poemas. Te encantaba cantar, actuar. Creamos con tus primos pequeños tu propia obra teatral. Puedo recordar que te inclinabas por el lado artístico siempre. También eras muy inquieta y te gustaba sentir esa descarga de energía a través de manejar bicicleta, salir a correr o escalar cerros. Te encantaba reír aunque me pregunto ahora si lo hacías para no llorar, siempre curiosa. Desarrollaste esa capacidad de vigilar gestos, miradas, movimientos de las demás personas para sobrevivir a cualquier ataque. Aprendiste el miedo y caminaste con él dentro desde muy pequeña. Te resististe a odiar a las personas. Te gritaban siempre que te calles porque hablabas hasta por los codos, eras muy parlanchina, marraqueta te decían. Quizá haya sido por tu necesidad de ser escuchada.
Confieso que no me gusta pensar en ti, que a veces me enoja saber que sigues dentro de mi dando lata y siendo una carga y que es por esto que me tienes miedo.
Ya en tu adolescencia después de una decepción amorosa todo se rebalsó. Perseguías y mendigabas el amor. El bulling en el colegio sobre tu cuerpo te llevo a rechazarte completamente a verte con desagrado a distorsionar la forma en la que te veías a un espejo y entonces empezaste a hacerte daño. Pensando en suicidio, alcoholizándote o buscando quién te ame.
Quiero morir decías y hacías leves intentos de autolesionarte. Pero le tenías miedo a la muerte, aunque dentro de ti también sabes que era una mezcla de querer dejar de existir y llamar la atención de alguien, que ese alguien te tenga compasión.
No sabías como liberarte de lo que sentías y de esa mente incansable susurrándote todo el tiempo. Ahora pienso lo curioso que es que le tenías miedo a la muerte pero no al peligro porque vaya que si te expusiste demasiado en aquel tiempo. Sin embargo siempre tuviste a Dios en tu corazón.
Pienso en ti como un problema, como una carga, como una vergüenza, te recuerdo perdida y desorientada. Te recuerdo tan necesitada de amor y compañía. Te recuerdo tan sola. Te recuerdo sin esperanza y sin futuro.
(Hay segunda parte)

No hay comentarios:
Publicar un comentario